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Estudiantes de ingeniería civil vivieron seis meses en Francia por un intercambio académico.

23 de agosto de 2017

 

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Los jóvenes recorrieron juntos varios países

“Sí. Que aprovechen, viajen, no lo duden”, alientan Juan Pablo Morrone, Walter Vargas y Franco Pinna al resto de los estudiantes de la Facultad de Ingeniería, tras vivir seis meses en Francia a través del programa ARFITEC (Argentina Francia Ingenieros Tecnologías). Los alumnos de ingeniería civil cursaron materias de la carrera homónima en la Polytech Lille, bien al norte del país, y volvieron hace semanas con una gran experiencia de vida.

Según contaron los jóvenes, que se encuentran en diferentes momentos de la carrera, entre 3º y 5º año, se enteraron de la iniciativa por el Programa Pares Internacionales de la FIO, y otro estudiante de la carrera que ya había viajado. Una vez completado el papeleo y seguros del viaje, pulieron el idioma en la Alianza Francesa, armaron las valijas y allí se fueron el 20 de enero.

 Los primeros meses, coincidieron, fueron los más difíciles. “A mi me costó mucho, sobre todo entender el idioma”, dijo Franco. “Cuando nos hablaban veíamos qué entendía cada uno y armábamos alguna frase coherente”, contó Walter, y agregó: “Llegamos el sábado y el lunes teníamos reunión de bienvenida. Nos sentaron con otros españoles (Lille está ubicada a pocos kilómetros de la frontera con España), nos comenzaron a hablar y no entendíamos nada. El primer mes es el más duro, luego te vas acostumbrando. La comunicación es una necesidad, necesitas comunicarte, decir, así que te haces entender”, sostuvo quien actualmente da clases para principiantes en la Alianza local.

 En la carrera de ingeniería civil, eligieron las materias que más les gustaban, del segundo semestre de cuarto año. Esa cursada se les reconoce en la FIO, como cursos electivos y Prácticas Profesionales Supervisadas, requisitos locales. Pero no todo fue estudio, los tres conocieron Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia, Alemania e Italia entre otros países, “economizando a full”, según Juan Pablo.

“Viajar es muy barato, hay promociones a estudiantes y mucha competencia entre medios de transporte. Desde aviones a 4 euros a trenes de alta velocidad, tren común, colectivo. Los precios son accesibles, y con anticipación, más”, contaron, y dijeron que “hay argentinos por todos lados”. Incluso, en suelo francés se cruzaron con la profesora de francés y de teatro FIO, Silvia Fariña.

 

 

¿Qué extrañaron? La comida, la carne, coincidieron. Mate no porque se llevaron, aunque economizaron lo más posible la yerba, que allá es un ítem costoso. “La mayoría de nuestros compañeros no lo conocía y no les gusto”, señalaron.

 Diferencias

“Nos volvemos con una visión diferente de cómo se enseña la ingeniería allá. Nosotros nos sorprendíamos de que veíamos todo por arriba, por así decirlo, ya que luego hacen prácticas en empresas”, contaron los estudiantes FIO. “A partir de segundo año cuando terminan de cursar el semestre van a empresas a hacer prácticas, primero dos meses, luego tres, cuatro y el último año, seis meses. En diferentes ciudades, además”, detalló Franco.

 Los jóvenes se desempeñaron en el laboratorio de resistencia de materiales de la Escuela Politécnica francesa, donde había mucha tecnología “simple, pero muy práctica”. Y aseguraron, en este sentido, que de todas maneras, les pareció más alto el nivel académico de la FIO. 

“Como movilidad es excelente. Te da un vistazo del mundo, te abre la cabeza, como dicen. Lo súper recomiendo y volvería mil veces”, expresó Juan Pablo. A Franco lo que más le gustó fue “andar por esos lugares, conocer la idiosincrasia del lugar, la gente. Se va un poco el cliché de que los europeos son fríos o mala gente. Siempre hemos tenido un buen contacto en todos los países”, dijo. “También me gustó el hecho de estar en ese lugar con tanta mezcolanza está buenísimo, el intercambio con gente de Italia, Turquía, etc”.

 Por último, Walter Vargas destacó que le está “hinchando" a su familia, amigos. "Viajar es increíble. De haber aprendido otro idioma me queda el pensar en otro idioma, describir cosas, es genial y rarísimo al mismo tiempo y me ha hecho reflexionar un montón. Hablamos español y de golpe incorporar otro idioma a tu cabeza es otro mundo que se explora”. De la experiencia se queda con haber conocido otra cultura: “Está genial porque uno conoce lo propio, y si bien hay diferencia entre ser turista, el poder vivir nos permitió ver sus costumbres, horarios, si el tren llegaba dos minutos tarde los ponía de mal humor, algo normal en nuestra cultura”.

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