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Ingeniería fomenta la tarea científica de jóvenes estudiantes.

6 de diciembre de 2017


bict dest

Cinco jóvenes estudiantes realizaron tareas de investigación a lo largo del año, en el marco de las Becas de Iniciación Científico Tecnológicas (BICT), que pretenden despertar la vocación científica e incentivar la participación de los estudiantes de grado en proyectos de investigación, contribuyendo a la formación de recursos humanos que se dediquen al fortalecimiento de la capacidad innovadora en temas de interés regional y nacional con fuerte impacto social. La edición 2017 reunió proyectos relacionados con el medio ambiente y la innovación educativa.

Una de las estudiantes beneficiadas con esta iniciativa fue Inés Serrano, que investiga sobre “El cambio climático y las ciudades: la perspectiva de Olavarría en relación a la sustentabilidad y su modelo de desarrollo”. A punto de terminar la carrera de Ingeniería Industrial, Serrano contó que “el año pasado había cursado Gestión Ambiental, y las docentes presentaron el llamado para este proyecto, que se orienta en tres aspectos suelo energía y agua”, señaló. En el trabajo debió calcular indicadores para el Partido de Olavarría que incluso se presentaron en la XL reunión de Asades (Asociación Argentina de Energías Renovables y Ambiente). “Lo más complicado es conseguir la información”, aseguró la joven que recorrió todos los organismos públicos de la ciudad en busca de datos.
Karen Nerea Ábalo, estudiante avanzada de Ingeniería Civil orientó su investigación a la “Sostenibilidad de estructura de grandes luces”, para analizar el impacto de las construcciones “desde el momento cero hasta el momento en que esa obra se usa”, detalló. El objetivo es evaluar el impacto social, la capacitación en este sentido de personas, empresas de cómo tendrían que llevar adelante su proyecto.” Tratamos de compararlo con otros países porque queremos extrapolar un índice que evalúa la sostenibilidad”, destacó, y agregó: “En otros países el Estado tiene organismos que se encargan directamente de analizar qué tan sostenibles son las estructuras que se están construyendo. Pero acá no hay y fue una de las cosas que nos trabó al principio”. Por último, consideró que “las BICT que brinda la FIO es una herramienta más que nos dan desde la Facultad para formarnos como profesionales, porque además de ayudarnos a desarrollar nuestro Trabajo Final de Carrera nos forma como investigadores iniciales, te ayuda a desarrollar ese perfil que dentro de nuestros planes de estudios no vemos tan reflejado”.


Agustín Laveglia, por su parte, analiza la “Valorización de desechos de vidrio en materiales cementantes ecoeficientes”. Si bien su beca se enmarca en el Profesorado de Ingeniería Química, también estudia Ingeniería Química. La idea nace de la problemática de darle depósito final a los residuos de vidrio que no se utilizan, “poder reciclarlos, porque tanto el cemento como el vidrio tienen una composición química similar entonces lo hace compatibles para utilizar como reemplazo del cemento”, explicó el joven. Por otro lado, el trabajo busca reducir el impacto de la explotación en las canteras. “El vidrio proviene principalmente de botellas de descarte, probamos con botellas de vidrio de mermeladas, que son transparentes, botellas de fernet, que son las color ámbar y de Gancia, que son verdes. La primera parte del año avanzamos en la caracterización de los materiales. Inicialmente, para introducir los vidrios en el cemento tuvimos que molerlos, hasta una finura determinada porque es ahí donde comienzan a trabajar como una adición del cemento”, señaló.
En términos más técnicos, Laveglia explicó que los vidrios son materiales puzolánicos y se obtiene un cemento con buenas propiedades mecánicas; “el vidrio reacciona con uno de los componentes de la hidratación del cemento que es el de hidróxido de calcio. Durante la hidratación del cemento se genera hidróxido de calcio, el material que tiende a cerrar los poros que tiene la estructura, y eso es mejor, porque menos aire significa mejores propiedades mecánicas”. Novedosamente, la investigación llevó a analizar todos los vidrios en cemento por separado y luego un cemento mezcla con la composición porcentual de composición de vidrios de acuerdo a datos del CEAMSE, “o sea, en la composición con la que se encontrarían los vidrios verdes, ámbar y ‘blanco’, y obtuvimos que el cemento mezcla se comporta mucho mejor que con los vidrios por separado, por lo tanto no se necesitaría un proceso de separación, podríamos utilizar los porcentajes que se encuentren”, destacó. En agosto, presentó esta experiencia en el sexto Encuentro de Jóvenes Investigadores en Ciencia y Tecnología de Materiales organizado por el INTI.
El estudiante de Ingeniería Electromecánica Mariano González realiza tareas en el marco del proyecto denominado “Análisis de aplicaciones tecnológicas para uso educativo en las carreras de la Facultad de Ingeniería”. En palabras del joven, “trabajamos en la incorporación de más tecnología en las aulas como herramienta para educación y nos enfocamos en aplicaciones móviles”. Sostuvo que “hoy en día todo el mundo anda con el celular dando vueltas y es una realidad que incluso los más pequeños lo saben usar. Para que la facultad no se quede atrás en ese sentido, la idea es darle una herramienta alternativa a los profesores y que ellos elijan como usarlas en las aulas”. González trabaja con el equipo de Educación a Distancia de la FIO. “En primer lugar hicimos un relevamiento de las aplicaciones existentes en el mercado y las que se puedan usar para educación en Ingeniería. Trabajamos más que nada con Android que ocupa el 90 por ciento del mercado, y seleccionamos docentes especialistas para proponer que las evalúen pero depende mucho del uso que cada uno le dé”, explicó el joven, que destacó que uno de los programas que utilizan está desarrollada por un profesor de Ingeniería Química de La Plata al que pudo conocer personalmente.
Finalmente, la quinta estudiante aprobada para una BICT es Luisina Aristarán, que trabajó todo el año en “La bioenergía en el contexto nacional de las energías renovables, la necesidad de estandarizar procedimientos”. Este proyecto la llevó a dos congresos, uno específico sobre biodigestores, y consecuentemente a tener un amplio panorama del tema en términos latinoamericanos. “Antes de esta beca comencé a trabajar en una beca de contraprestación de servicios con Estela Santalla y Verónica Córdoba. Lo que hacíamos era evaluar si una tecnología que le aplicaban a un residuo funcionaba para disminuir las emisiones de metano o no. Entonces mediante una técnica estandarizada que se llama la medición del potencial del biometano, medimos el residuo antes y después de tratarlo”, explicó. “En el marco de esta beca seguimos utilizando ese sustrato, la parte orgánica del residuo que alimenta las bacterias para poder estandarizar mejor esa técnica. También probamos con otra técnica que se llama actividad metanogénica específica y control positivo, que son caracterizaciones que se hacen para ver cómo es su producción o cuál es el potencial para convertirla en energía”.
La estudiante de Ingeniería Química destacó que en el marco de la investigación pudo utilizar herramientas que no había utilizado durante su formación académica y la participación en encuentros nacionales e internacionales. “El tema es complicado porque no estamos acostumbrados a producir para que ese residuo que queda se utilice en otra cosa, que se vuelva a reutilizar o se transforme. Y además, hay cosas que no son biodegradables”, concluyó la joven.

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