•25 de febrero de 2026•Tiempo de lectura: 5´
Encontrar la vocación en un código de barras, cambiar Jujuy por Olavarría para estudiar, elegir una carrera desde entornos ligados a la construcción, asumir que la edad o la maternidad como desafíos y no obstáculos o priorizar la salida laboral. Historias de ingresantes que confirman hasta qué punto la Universidad pública atrae, suma y es capaz de transformar vidas.
Carola está parada sobre el verde que separa los dos edificios de ingreso. Reconoce que hubiera elegido arquitectura pero la situación económica hizo que anclara en Olavarría. Entonces, comenzó a barajar diferentes opciones hasta finalmente sentir que la FIO debía estar en su hoja de ruta. “Soy mamá así que para mí fue difícil decidirme, por el tema de los tiempos porque además trabajo”, comenta. Convencida de que nada la detendrá, asume haber vencido su principal prejuicio: “Tengo 23 años… las chicas son más jovencitas y me da un poco de vergüenza. No sé si estoy a la altura pero me estoy animando”. Sus compañeras la escuchan atentamente, admirando su esfuerzo y la determinación que ir en busca de un titulo que la convierta en la ingeniera que sueña ser.

Milagros es una de esas “nuevas” amigas. Llegó de Tandil atraída por el recorrido de “conocidos que se relacionan a todo lo que es la construcción” a estudiar Ingeniería Civil. “Cuesta un poquito pero hay que adaptarse y ponerle onda”, dice, segura de su decisión. “Hay mucho acompañamiento y así se hace más llevadero. Tener un grupo de amigas también lo facilita”, agrega mirando a Carola, rodeadas de otras tres estudiantes que ya son parte del team FIO.
La cursada es “bastante linda, me gusta. Ya conocí a las chicas y hay compañerismo”, apunta Carola, mientras piensa cómo irá administrando sus tiempos y los de Benjamín, que tiene 7 años. “Bastante atareada con todo… Sé que será difícil el tema del estudio pero hay que adaptarse y le ponemos ganas”, dice y habla en plural, dando cuenta que detrás de este sueño no está sola.
Del altiplano y más acá
A pocos metros de ahí, Juan disfruta del recreo de media mañana junto a un puñado de compañeros. “Hace poco me mudé a Olavarría. Vivía en Jujuy y me vine a instalar con mi papá porque tenía más facilidad de estudiar acá”, explica el estudiante que nació en Olavarría pero vivió en la puna hasta terminar el secundario.
“Voy bastante bien con las clases. Me voy familiarizando. Lo más difícil supongo que son los tiempos. Tengo un familiar y compañero que han estudiado acá y supuestamente los tiempos te matan”, dice, y todos se ríen a coro.
¿Qué es lo que más le atrae? “En parte me metí en esta carrera porque tiene matemática, es algo que me ha gustado del secundario y supongo que me di un shock en realidad cuando vi la diferencia de nivel”. Lejos de San Pedro, el pueblo donde vivía y que está a una hora de San Salvador de Jujuy, se siente cómodo.
Ezequiel coincide: “Voy bastante bien las clases pero no salí con buen nivel de la secundaria. Estoy intentando acostumbrarme al nivel de la facultad”. No es su primer desembarco en la FIO. Conoció el campus universitario gracias a las “24 horas de Innovación”. “Quedé en el tercer puesto. Creo que tengo la remera todavía… Eso fue en 2024, cuando estaba en quinto del secundario”, recuerda. Le gusta la ingeniería pero básicamente enfocó la mirada en la proyección profesional cuando definió su ingreso a la Universidad. “La salida laboral me llamaba mucho la atención, es lo que más me atrae pero también me gusta los variados que son los temas, las materias que tiene y me gusta todo lo que tiene que ver con lo industrial, todo lo que es el manejo de empresas”.
Alejo comparte sensaciones y planteos. Es de Olavarría y agradece que “los profesores estén atentos y expliquen bien si no entendés. Yo tampoco salí con buen nivel del secundario y la verdad es que nos sentimos acompañados. Es un gran cambio, es todo más voluntario que en la secundaria” reconoce, dando cuenta que su compromiso como estudiante será determinante en todo el recorrido. “Vi las materias que había y me llamaron la atención cuando me enteré de lo que se hacía en la carrera, me gustó aún más. Me terminó de enganchar también, la salida laboral”.
Números que cuentan
Historias que son parte de un Ciclo Introductor que arrancó con 415 preinscriptos, de los cuales hoy 368 ya están efectivamente inscriptos/as. La Ingeniería Industrial encabeza el ranking de preferencias con 72 anotados, seguida por Electromecánica (61), Química (46), Civil (41) y en Agrimensura (38). El abanico de elecciones se completa con Electromedicina (23), Tecnología de los Alimentos (17) y Profesorado de Química (6). A esto se suman las carreras que se cursan en Quequén y que dependen de la FIO: Licenciatura en Logística Integral (46) y la Tecnicatura en Equipamiento Agroindustrial (18), ambas de la sede Quequén que también dependen de la FIO.

Todo esto confirma la diversidad de intereses y la fortaleza de la FIO en áreas estratégicas para Olavarría y la región, consolidando su papel como motor de formación y desarrollo en un polo industrial y cementero de referencia.
Tips, brechas y desafíos
En este nuevo recorrido el apoyo familiar es una constante y eso se vio reflejado desde el primer día. “Les gustó que haya elegido una carrera así, que es complicada, de estudiar”, plantea Ezequiel, sonriente, respecto de su familia. Su elección llegó cuando promediaba el 2025, poco antes de egresar. “A último momento lo decidí. ¿Qué voy a estudiar? No tengo idea decía y justo vinimos a la ExpoUnicen y vi un QR con el plan de estudio, ahí vi las materias y me interesó”.
“En casa se pusieron contentos por esto mismo, de que estamos muy relacionados con la construcción, y están apoyando siempre”, plantea Milagros, mientras admite, como el resto, que aún le sorprende ver tanta cantidad de ingresantes. “En Ingeniería Civil hay bastantes chicas”, desliza poniendo en valor la perspectiva de género. También lo proyecta desde lo que ocurre en el campo profesional, con un enfoque esperanzador: “En las obras está esa brecha; hay mucho machismo. Va a ser difícil que una mujer las mande pero a través del tiempo se va a igualar”.

La pausa se esfuma y es hora de volver a las aulas. Con menos tensión, algunos tips y una hoja de ruta que les permite transitar a paso firme este primer tramo de la vida universitaria. “Nos dejan propuestas acá, para hacer en clase y después lo que queda del práctico lo puedas hacer en tu casa. No es obligatorio pero conviene hacerlo para ya empezar en ritmo y desde el vamos hacer un hábito”, cierra Juan, llegado desde la segunda ciudad más poblada de Jujuy, famosa por los carnavales y el cultivo de caña de azúcar. Extraña a sus amigos de la puna pero reconoce estar “contento con haberme mudado; acá tengo más facilidad de estudiar”, repite, poniendo en evidencia el rol que cumple la universidad pública y la FIO como motor de movilidad social, igualdad y desarrollo del conocimiento, hoy con cientos de nuevas historias que buscan formarse para transformar las sociedades en que viven.
Guaraní


