Un investigador de INTELYMEC y docente de la FIO
realizó una estancia de investigación
de seis meses en el Reino Unido

Ignacio Carlucho es Ingeniero en Electromecánica, docente de la Facultad de Ingeniería y actual estudiante de Doctorado de la misma institución académica. Hace algunos días regresó de Edimburgo, Escocia, donde hizo una estancia de investigación de seis meses en “reinforcement learning” o aprendizaje por refuerzo para robótica submarina. Allá, trabajó con “Nessie”, el robot del Laboratorio de Ingeniería Oceánica de la Universidad de Heriot-Watt.

La experiencia se hizo en el marco del núcleo INTELYMEC (Investigación Tecnológica en Electricidad y Mecánica), dirigido por el Dr. Gerardo Acosta, donde se desarrolló el robot acuático autónomo ICTIOBOT. “El tema que elegí para hacer el doctorado es control cognitivo para robótica submarina, y como Gerardo tenía contactos con investigadores de la universidad escocesa fui a tratar de resolver un problema y hacer un artículo”, contó el becario del CONICET.
Carlucho explicó que “estamos buscando diferentes formas de llegar a la autonomía, que el submarino solo aprenda a ir por ejemplo, a una determinada velocidad sin necesidad de marcárselo. Vos simplemente lo ponés a trabajar y a medida que se va moviendo va aprendiendo a través de recompensas, como un perro. En este caso, la recompensa es numérica”, sostuvo. La programación de estas funciones son desarrolladas por el joven, que hizo varios cursos en la FIO sobre el tema.

Formación de excelencia

Ignacio estuvo desde finales de abril a octubre, y pudo recorrer bastante el territorio, que se caracteriza por un clima lluvioso y húmedo. “Su verano es nuestra primavera. Hubo solo un día de veintipico de grados y sol, y días como esos se estila no trabajar, nadie va a la Facultad. En general recuperan el siguiente sábado que seguro llueve”, contó.
En Heriot-Watt, se desempeñó en el Laboratorio de Ingeniería Oceánica, donde hizo pruebas con “Nessie” en tranques de agua. Nombrado así por el monstruo del lago Ness, el robot es utilizado por los estudiantes de doctorado de todo el mundo que llegan a esa Universidad, en el marco de su doctorado. “Cada intervención lo va mejorando. Lo tienen para hacer pruebas”, dijo el docente. En este sentido, confesó que “estaban contentos porque hacía un año que no lo usaban”.
Además de investigadores y estudiantes, esta institución alberga “spin-outs”, empresas orientadas a servicios tecnológicos, productos y servicios. “Yo trabajaba con doctores que laburaban en la empresa pero estaban en el laboratorio, y había otro caso de un estudiante de doctorado que la formación se la pagaba la empresa”, dijo. Y es que la formación académica, “allá la piensan para salir a la industria, como mano de obra calificada en cuestiones súper específicas y trabajar para grandes empresas”, comentó.
Durante la estadía se manejó con el idioma inglés. “Recorrí bastante, tiene muchas cosas para conocer y siempre te quedás con ganas de más”, indicó. Edimburgo tiene 500 mil personas, y en Escocia viven un total de 5 millones.
La gente es “más fría que acá, pero hasta que te conocen” y la gastronomía no es el fuerte de su cultura. En cambio, “sí son conocidos por el alcohol. Toman mucha cerveza y whisky. Cuando estuve allá hubo un festival que dura un mes, con obras de teatro, música clásica, de todo. Durante ese período la población de la ciudad se triplica y al cierre del Festival cerraron las calles de la ciudad. Pero no había ni un lugar para comer al paso. No lo tienen incorporado como acá que en seguida te ponen un puesto de choripán”, dijo como curiosidad. “Lo que sí comen así es fish and chips, pescados con papas fritas, o hamburguesas”, agregó. Si bien es un país petrolero, una gran pata de la industria nacional es la agrícola. “Tienen muchas granjas. En todo lugar que pueden, arman una granjita”, señaló. Por último detalló que la ciudad es muy linda, “muy antigua, la fachada de los edificios se mantienen por patrimonio cultural”.