INTELYMEC desarrolla una herramienta 
que ayuda a mejorar la rehabilitación de personas con problemas para caminar

 

 

La línea de investigación sobre robótica, de INTELYMEC, junto al Centro Olavarriense de Rehabilitación Psicofísica Integral (CORPI) y al Centro de Desarrollo Olavarriense, desarrolló una herramienta para que los médicos puedan medir los resultados de la terapia de rehabilitación ejercida en personas con alguna patología en sus miembros inferiores.

La Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, con sede en Olavarría, diseñó y fabricó una camilla especial para pacientes con alguna patología en los miembros inferiores que hayan perdido la fuerza y/o el tono muscular a causa de un accidente medular, vertebral, caídas por impacto o por aprisionamiento. Esta herramienta no cumple una función de rehabilitación sino que está destinada para que los médicos puedan conocer el progreso en la recuperación del paciente.

camilla Deber
La camilla posiciona progresivamente a la persona en forma vertical. Un dispositivo electrónico mide el ángulo, mientras que la plataforma donde se apoyan los pies calcula la fuerza ejercida por el paciente. Con los datos obtenidos, se realiza un estudio que permite al médico conocer parámetros físicos que indican una mejora o un retroceso en la terapia de rehabilitación.

El proyecto estuvo a cargo del bioingeniero y director técnico, Pedro Escobar, el ingeniero Roberto De la Vega, los técnicos en electromedicina Franco Deber y Raúl Romero; CORPI y el Centro de Desarrollo Olavarriense, a través del ingeniero Horacio Balbiani. El diseño de la camilla tuvo una primera etapa en 2015, donde se realizó un prototipo que presentaba algunas falencias, ya que al utilizar medios mecánicos se descalibraba con facilidad. Por esta razón, se propuso hacer una nueva versión más electrónica y compleja.

La nueva versión de la camilla ganó un concurso en el proyecto PROCODAS, a cargo del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Gracias a esto, se recibió un monto de 80 mil pesos, el cual se destinó a la compra de la parte estructural y electrónica de la camilla. Se realizaron modificaciones estructurales, se mejoró el diseño, la electrónica y se le dio la capacidad de transmitir los resultados a una aplicación del celular vía bluetooth. El bioingeniero Pedro Escobar, coordinador de la Licenciatura en Tecnología Medica de la FIO, explica este proceso: “el médico no tiene la necesidad de mirar la pantalla y anotar los datos manualmente sino que directamente el mismo equipo transmite los resultados a una aplicación específica que se desarrolló para el celular”. Además, los datos se registran en el teléfono y son enviados a la cuenta de correo del médico en formato de tabla para que queden archivadas todas las sesiones.
 
 

camilla

La camilla está fabricada con hierro estructural hueco y de perfil rectangular. “Para el empuje de la camilla a la bipedestación utilizamos actuadores lineales de grado médico, llamados Linak, que funcionan a través de un control remoto” explicó Escobar. Estos cuentan con un mecanismo de seguridad que permite, en el caso de que la camilla quede trabada o sin corriente, que el paciente descienda solo apretando un botón. 

El trabajo se tercerizó con una empresa local llamada Metalmec, de Raúl Bongiorno, que se encargó de desarrollar la estructura, el armado y los caños. La empresa se hizo cargo del primer y segundo prototipo, ya que la facultad no cuenta con la capacidad humana y material para cumplir estas funciones.

Cabe destacar que no se han desarrollado dispositivos similares en el mundo. “Eso es lo bueno, lo novedoso y es lo que nos da ganas de seguir mejorando”, expresó Escobar. Con el paso del tiempo se siguen descubriendo nuevos usos para la camilla, ya que a través de diversas pruebas y consultas realizadas con especialistas, se demostró que funcionaría de manera adecuada para personas que han sufrido algún accidente o deficiencia cardiovascular y que todavía no tienen la capacidad de manejar el volumen de sangre que les llega al corazón cuando pasan de estar acostados a parados, entonces se marean con facilidad o sufren desmayos.

En cuanto a la posibilidad de sacar el producto al mercado, Escobar explicó que es difícil que la Facultad pueda sacarlo por su cuenta, ya que habría que encontrar la forma de buscar una empresa desligada de la institución que compre el conocimiento, que desarrolle y comercialice el producto. La Facultad de Ingeniería de la UNICEN no tiene mucha experiencia en eso, pero sí hay facultades del resto del país que lo han hecho y con mucho éxito. “La idea es que eso genere un recurso económico para que la facultad pueda reinvertir, ya que hay que trabajar en otros proyectos y ayudar un poco al presupuesto universitario que es bastante pobre”, afirmó Escobar.

A raíz de que la Facultad está siempre tratando de solucionar los problemas del medio, el grupo de trabajo tiene pensado continuar investigando y desarrollando una línea de robótica aplicada a la salud. Se han pensado diversas propuestas tales como sillas de ruedas motorizadas y sillas específicas que permitan al paciente bipedestarse elevando su asiento vía bluetooth. Sin embargo, al igual que sucedió con la camilla, todos estos proyectos sufren trabas burocráticas y administrativas. 

En los últimos cuatro o cinco años, la Facultad de Ingeniería ha realizado diversos aportes a la la salud, como  fue la creación de un protocolo para realizar termografía el cual permite hacer una detección temprana de una patología mamaria y visualizar anomalías en las mamas. De esta manera, se evita que una persona se someta a los riesgos de irradiación que supone realizarse una mamografía cuando no la necesita. Además, se desarrolló un mamógrafo móvil para la zona rural de la ciudad de Tandil, para mucha gente que no tiene la posibilidad de acceder a un hospital.

Actualmente, se está trabajando en la fabricación de lámparas de fototerapia, que reducen la cantidad de bilirrubina que tiene un niño recién nacido y visualizadores de venas, que facilitan la extracción de sangre. Estos productos ya existen en el mercado pero a precios muy elevados, por lo que se intenta impulsarlos a un menor costo.

 

Autores: Marco Becker y Federico Maiz, estudiantes de Periodismo Científico de la carrera de Periodismo de la FACSO.

Fotos: Comunicación Institucional FIO.